lunes, 24 de agosto de 2026
México

El huachicol fiscal persiste como reto tras cambios regulatorios de 2013

La estructura legal derivada de la reforma energética de 2013 facilitó redes de evasión fiscal mediante la importación ilegal de combustibles.

Redacción Enlace Caribe
Foto: excelsior.com.mx

La apertura del mercado de combustibles iniciada en 2013 permitió la creación de un ecosistema que facilitó el denominado huachicol fiscal. Durante la emergencia sanitaria por covid-19, las autoridades federales detectaron una compleja red de evasión tributaria basada en la simulación de importación de combustibles, los cuales eran declarados erróneamente como aditivos o aceites lubricantes para evadir el pago de impuestos especiales.

Esta práctica, identificada por la SHCP y el SAT, aprovechó las lagunas en la supervisión aduanera y la fragmentación en la cadena de suministro de hidrocarburos. La facilidad para obtener permisos de importación bajo esquemas poco transparentes permitió que grandes volúmenes de combustible ingresaran al país sin pagar las contribuciones correspondientes, afectando la recaudación fiscal y distorsionando el mercado legal de energéticos.

Especialistas en temas energéticos señalan que la falta de protocolos de verificación rigurosos en las aduanas permitió que empresas fantasma operaran sin controles efectivos durante años. Esta modalidad de contrabando no solo impactó las finanzas públicas, sino que también generó una competencia desleal contra los distribuidores que cumplen con todas las obligaciones legales y normativas vigentes en México.

En respuesta a este fenómeno, el gobierno federal ha implementado mayores controles en los puntos de entrada y una supervisión más estricta sobre la comercialización de petrolíferos. La estrategia actual se enfoca en desmantelar las redes de empresas fachada y fortalecer la coordinación entre la FGR y el SAT para judicializar los casos de defraudación fiscal relacionados con la importación irregular de hidrocarburos.

El combate al huachicol fiscal sigue siendo una prioridad para la actual administración, que busca recuperar la soberanía energética y estabilizar los ingresos tributarios. La tarea implica un esfuerzo interinstitucional que abarca desde la vigilancia en terminales marítimas y terrestres hasta la auditoría constante de las licencias otorgadas para la importación y distribución de combustibles en el territorio nacional.

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